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El Templario Insurrecto

Deporte internacional

Poder latino en Daytona

Poder latino en Daytona    Tras coronarse en la emblemática carrera de resistencia 24 horas de Daytona, el piloto colombiano Juan Pablo Montoya se ríe ahora de quienes lo criticaron hace un año por abandonar el circuito mundial de Fórmula Uno.   Montoya condujo con la escudería McLaren-Mercedes hasta el Gran Premio de Francia cuando, cansado del menosprecio de los europeos, decidió probarse en el campeonato estadounidense NASCAR, donde su impacto con autos prototipo resultó inmediato.   Su triunfo en Daytona lo consagró completamente, pues igualó la hasta ahora exclusiva proeza del estadounidense Mario Andretti de ganar estas 24 Horas, las 500 Millas de Indianápolis, la Champ Car y al menos un gran premio de Fórmula Uno.    Ahora encara el reto de emular al británico Graham Hill, único con el "Grand Slam" del automovilismo, o sea, sendos triunfos en el Gran Premio de Mónaco, las 500 Millas de Indianápolis y las 24 Horas de Le Mans.   Pese a ser debutante, el colombiano venció a sus rivales -entre ellos, el sueño y la lluvia-, gracias a sus compañeros, el veterano estadounidense Scott Pruett y el joven mexicano Salvador Durán.   El trío se turnó al timón de un Lexus Riley, para darle al equipo Chip Ganassi su segunda corona seguida en esta prueba de resistencia, solo superada en importancia por el etílico "glamour" de Le Mans y las 12 horas de Sebring, también en Estados Unidos.   "Todo el equipo trabajó a la perfección; consistencia y madurez mental fueron la clave", aseguró el "Chava" Durán, quien dudó de sí mismo cuando le tocó manejar de madrugada, bajo un aguacero.    El auto ganador recorrió 3.826,84 kilómetros en 668 vueltas, para vencer al Pontiac Riley conducido por Patrick Carpentier, Ryan Dalziel, Darren Manning y la venezolana Milka Duno, la mujer mejor clasificada en la historia de este clásico.   "Es un resultado fantástico, con tensión vivida desde la primera hasta la última vuelta. Nadie podía cometer el mínimo error", declaró Duno sin contener su emoción, pues Daytona le parece un infierno peor que Le Mans.   Pero no a todos los latinoamericanos les fue bien: el argentino Gastón Mazzacane, del equipo Vici Racing, acabó con dos costillas rotas y una lesión cervical tras estrellar su Porsche.     Este es le tercer accidente de Mazzacane en menos de un año, pues el ex piloto de Fórmula Uno chocó el 20 de marzo en el autódromo de Balcarce, y el 24 de septiembre en San Juan.    Ganar en Daytona tiene un merito enorme por lo complejo de su trazado único, mezcla de óvalo y ruta. Este año salieron 70 autos, 28 de la categoría estelar (prototipos) y el resto en gran turismo.   La carrera mantuvo un ritmo frenético durante las seis primeras horas, sin señales de precaución, pero una bandera roja interrumpió la prueba a medianoche, para reparar la baranda dañada por el choque de Mazzacane.    La lluvia matutina aumentó la tensión entre los equipos en pista, y pasadas 23 horas de competencia, tres autos iban en la misma vuelta, con solo cinco segundos de diferencia.    Al final, los de Chip Ganassi tuvieron mejores frenos y escaparon a las complicaciones surgidas en las postrimerías, llevándose así un triunfo con marcado sabor latino en la Meca del NASCAR.