Bryant: genialidad opacada por arrogancia
En su única visita de la temporada al neoyorquino Madison Square Garden, Los Angeles Lakers perdieron ante los Knicks en partido mediocre para un conjunto perdido sin su jugador franquicia. ¿Y qué marginó al fenomenal Kobe Braynt de su compromiso con los creadores del "Showtime"? Otra suspensión por esas demostraciones de arrogancia y frustración mal manejada, que opacan sus proezas en la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA). La sanción sobrevino tras la derrota tiempo extra ante San Antonio Spurs a inicios de la semana pasada, cuando Bryant golpeó en el rostro al internacional argentino Enmanuel Ginóbili. Bryant jura y perjura que lo golpeó sin intención, mas la agresión sobrevino en las postrimerías de un duelo dominado categóricamente por "Manu", que incluso le taponeó un tiro crucial. "Le pegué sin querer a Manu. Qué puedo decir, es un partido de básquetbol. Uno le pega sin querer a otras personas con los codos de vez en cuando", intentó justificarse el astro angelino. Sin embargo, el video del incidente demuestra que Bryant desvió el codo innecesariamente hacia el rostro de Ginóbili, que requirió atención médica inmediata. La liga lo suspendió un partido, y aunque el sancionado apeló a través del sindicato de jugadores, las autoridades disciplinarias rechazaron su reclamo. Tanto Bryant como su técnico, el usualmente sereno Phil Jackson, convocaron a la prensa y aseguraron estar en "estado de shock" por esta suspensión, la cuarta en la carrera del jugador. "Me ha desilusionado un poco la forma en que han tratado a Kobe", declaró Jackson, como si ignorara el historial de quien también fue enjuiciado por la supuesta violación de una adolescente. La primera suspensión de Bryant ocurrió en abril de 2001, por participar en una riña contra los Knicks; la segunda sobrevino en marzo del año siguiente, cuando se lió a puñetazos contra Reggie Miller, el inolvidable bocaza de Indiana Pacers. En diciembre de 2005 estuvo suspendido durante dos partidos, por codear el rostro de Mike Miller, una falta flagrante que derrumbó finalmente su imagen de jugador recto, limpio y angelical. Eso sin contar su probado egocentrismo, que le costó a los Lakers la partida de Shaquille O´Neal y amenazó la permanencia del propio Jackson. O su bronca contra el respetado Karl Malone, a quien acusó de flirtear con su esposa. Cuando lo acusaron de acaparar todos los tiros, la pasada campaña, Kobe se dedicó a pasar constantemente sin lanzar a canasta, solo por demostrarle a sus compañeros a quién debían darle el balón: una malacrianza digna de figurar en una Antología del Ego. Al menos otros tipos conflictivos, como Rasheed Wallace y Stephen Jackson -incluso el mismísimo Dennis Rodman en su momento- asumieron sin medias tintas sus malas pulgas y espíritu rencoroso. Pero en lugar de ser consecuente, Kobe se empeña en pasar como modelo de conducta en la NBA, víctima de la inquina gratuita de la humanidad, aunque ya casi nadie se crea su pose de angelito. 02/02/2007 17:41
