Violentos pedagogos del deporte
El entrenador ruso Stanislaw Bernikow pasará a la historia de la pedagogía deportiva como un ferviente partidario de esa corriente educativa según la cual "la letra con sangre entra". O eso, o busca trabajo en la mafia rusa: esta semana Bernikow pagó a varios matones para azotar a tres futbolistas de su propio equipo, el Metallurg Lipezk, como escarmiento por retarlo públicamente. Ofuscado, el técnico cuestionó la entrega del capitán Alexej Morotjko, el portero Jewgenij Sjamrin y el delantero Denis Zjukowskij, pero estos a su vez lo acusaron de venderse. Furioso por la atrevida réplica de sus jugadores, Bernikow quiso ser ejemplarizante y contrató a unos pandilleros para castigar a los rebeldes ante sus compañeros, en pleno campo de entrenamientos. Los maleantes emplearon cachiporras y dispararon balas de goma a Morotjko, quien sufrió una conmoción cerebral y permanece grave junto a los demás agredidos en un hospital de Lipezk. El Metallurg despidió de inmediato al autor de la "vendetta", que llevó al extremo la notoria irascibilidad de los entrenadores rusos, sublimada por Nikolai Karpol cuando dirigía al equipo femenino de voleibol. Apasionado, feroz e inclemente, todos esperaban ver a Karpol caer fulminado por un infarto de un momento a otro, pero al parecer sus temibles arrebatos intimidaban –y con razón- hasta a la mismísima Muerte.
En verdad resulta casi imposible recordarlo calmado: entre tantas gigantes parecía un barrillo de espesas cejas, rostro congestionado, venas hinchadas y un tronante vozarrón que avasallaba a la pobre infeliz que cometiera algún error en cancha.
Su estilo de gritarles en la cara a sus muchachas cual si fueran reclutas resultaba chocante pero efectivo. A veces solo conseguía petrificar de horror a sus jugadoras, pero casi siempre lograba espolearlas para que rindieran casi a la perfección.Por ejemplo, en la final olímpica de Seúl, Unión Soviética perdía ante Perú. Karpol vociferaba a los cuatro vientos, pero concentró su furia en Irina Parkhomchuk para hacerla reaccionar, y así logró una de las más grandiosas remontadas en la historia del voleibol.
VEHEMENCIA INCONTROLABLE
Cada maestro tiene su librito, y al parecer el escocés Sir Alex Ferguson leyó alguna vez el de Karpol, pues el emblemático técnico del Manchester United suele encarar con violencia cualquier indicio de mediocridad o sedición en el popular club inglés de fútbol.
Notoria fue su bronca con Roy Keane por diferencias políticas, o el zapatazo que le partió una ceja a David Beckham, sin olvidar la "secadora de pelo", como llaman a sus reprimendas cara a cara.
Otro "coach" temible es el estadounidense Bobby Knight, laureado entrenador del baloncesto colegial en su país, aunque cuestionado frecuentemente por sus métodos violentos y dudosamente pedagógicos.
El béisbol también cuenta con un rosario de "managers" polémicos, como el venezolano Ozzie Guillén y el cubano Víctor Mesa, quienes no se andan con remilgos para sacarle el máximo a sus jugadores y hacerlos competitivos.
Y si algún beisbolista protesta, que agradezca al Cielo que ya no queden personajes como el legendario Adolfo Luque, autor del famoso "portazo" que estremeció al estadio La Tropical una tarde de 1939.
Aquel día, el célebre "Papá Montero" no mató de puro milagro al lanzador estadounidense Ted Radcliffe, pues el "portazo" de marras fue en realidad un balazo disparado por el iracundo mentor del Almendares al lanzador que osó retarlo.
¡Y todavía hay quien se queja de los arranques de Guillén y Mesa!
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